Carmencita, el ángel de la Casa de Granada, nos ha dejado después de 41 años en la Institución, para irse derechita al cielo. Esa era Carmencita, un verdadero ángel, una niña especial, "un bebé grande". Hace apenas tres días que nos dejó. Ha dejado una profunda tristeza en cada uno de los miembros de la Casa pero también el gozo de saber que ahora vive para siempre en el abrazo eterno de Dios.

 El pasado 19 de junio, celebrábamos un año más la Fiesta del Sagrado Corazón en nuestras Casas, este año en condiciones muy especiales marcadas por la pandemia del coronavirus. En la Casa de Cochabamba, en Bolivia, la hermana Mª Isabel Choque, juniora, renovaba sus Votos ante la Hna. Begoña, en presencia de los niños acogidos en el Hogar. 

 "Una vez me pediste que te prestase mi mano para escribir las palabras que me dictaban tu corazón. Hoy soy yo la que te escribe, intentando recuperar todo lo que se me quedó en el tintero, y espero que puedas oírme desde el cielo, donde sin duda hoy te encuentras. No fue una casualidad que te cruzaras en mi camino, cuando creía que tu me necesitabas a mi, pero era yo la que aprendía de ti. Dios sabe más. La vida constantemente retándote y tú siempre respondiendo con una sonrisa, diciendo “que no te gustaban las cosas fáciles”. Gracias a ti por abrirme tu corazón y a la vida por permitirme conocer a una persona tan maravillosa como tú. Ibas en silla de ruedas, pero aquello parecía un todoterreno amiga mía. Nada te paraba. Te encantaba pintar y espero que ahí arriba pintes cada atardecer para que los que estamos aquí abajo nos sintamos un poquito más cerca de ti. 

 ROSA, UNA SIRENITA EN SILLA DE RUEDAS   

A Rosa le gustaba el mar, las caracolas, los delfines  (muchos delfines adornaban su habitación).      

Siendo niña, Rosa, quería ser una sirenita.   

Rosa siempre fue “una persona especial”. Nació en una familia especial. Su infancia estuvo marcada por las limitaciones y el sufrimiento de la enfermedad También su forma de vivirla fue especial, sus circunstancias personales, sus relaciones con amigos y compañeros también fueron especiales, y murió de forma especial en días especiales.  

  Pasan los días. Pero no de cualquier forma. Y Dios nos sigue sorprendiendo. En medio de esta pandemia, de este confinamiento, de tanto sacrificio, sufrimiento,…Dios sigue sorprendiendo.

Es increíble las muestras de cariño que estamos recibiendo cada día en todas nuestras casas, la de llamadas de teléfonos por parte de los voluntarios que siguen siendo igual de fieles que lo han sido siempre aunque físicamente no estén con nosotros. De colaboradores y bienhechores queriéndonos hacer algún tipo de donativo, de anónimos, asociaciones, hermandades ofreciéndonos ayuda de tipo sanitario, mascarillas, guantes, batas fabricadas en casa…cargamentos de comida…

Faltan las palabras para poder agradecer tanta generosidad, tantos cuidados, tanto cariño…nuestro carisma de confianza absoluta en el Sagrado Corazón se hace hoy más actual si cabe. Sí, las hermanas de la Institución Benéfica del Sagrado Corazón de Jesús, confiamos ciegamente en la Providencia, es decir, en el amor infinito de Dios por sus criaturas, especialmente las más necesitadas, “Buscad el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura…”

Tal como dicen nuestras Constituciones, "la Institución, con miras universales y de gloria a Dios, tiende a que sus casas sean foco de presencia de Cristo..." (art. 6.1). Las hermanas de la Institución intentan volcarse aún más para que, en medio de este confinamiento, nuestras casas sigan cumpliendo ese objetivo tal como deseaba la Madre Rosario.