"Una vez me pediste que te prestase mi mano para escribir las palabras que me dictaban tu corazón. Hoy soy yo la que te escribe, intentando recuperar todo lo que se me quedó en el tintero, y espero que puedas oírme desde el cielo, donde sin duda hoy te encuentras. No fue una casualidad que te cruzaras en mi camino, cuando creía que tu me necesitabas a mi, pero era yo la que aprendía de ti. Dios sabe más. La vida constantemente retándote y tú siempre respondiendo con una sonrisa, diciendo “que no te gustaban las cosas fáciles”. Gracias a ti por abrirme tu corazón y a la vida por permitirme conocer a una persona tan maravillosa como tú. Ibas en silla de ruedas, pero aquello parecía un todoterreno amiga mía. Nada te paraba. Te encantaba pintar y espero que ahí arriba pintes cada atardecer para que los que estamos aquí abajo nos sintamos un poquito más cerca de ti. 

 ROSA, UNA SIRENITA EN SILLA DE RUEDAS   

A Rosa le gustaba el mar, las caracolas, los delfines  (muchos delfines adornaban su habitación).      

Siendo niña, Rosa, quería ser una sirenita.   

Rosa siempre fue “una persona especial”. Nació en una familia especial. Su infancia estuvo marcada por las limitaciones y el sufrimiento de la enfermedad También su forma de vivirla fue especial, sus circunstancias personales, sus relaciones con amigos y compañeros también fueron especiales, y murió de forma especial en días especiales.  

  Pasan los días. Pero no de cualquier forma. Y Dios nos sigue sorprendiendo. En medio de esta pandemia, de este confinamiento, de tanto sacrificio, sufrimiento,…Dios sigue sorprendiendo.

Es increíble las muestras de cariño que estamos recibiendo cada día en todas nuestras casas, la de llamadas de teléfonos por parte de los voluntarios que siguen siendo igual de fieles que lo han sido siempre aunque físicamente no estén con nosotros. De colaboradores y bienhechores queriéndonos hacer algún tipo de donativo, de anónimos, asociaciones, hermandades ofreciéndonos ayuda de tipo sanitario, mascarillas, guantes, batas fabricadas en casa…cargamentos de comida…

Faltan las palabras para poder agradecer tanta generosidad, tantos cuidados, tanto cariño…nuestro carisma de confianza absoluta en el Sagrado Corazón se hace hoy más actual si cabe. Sí, las hermanas de la Institución Benéfica del Sagrado Corazón de Jesús, confiamos ciegamente en la Providencia, es decir, en el amor infinito de Dios por sus criaturas, especialmente las más necesitadas, “Buscad el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura…”

Tal como dicen nuestras Constituciones, "la Institución, con miras universales y de gloria a Dios, tiende a que sus casas sean foco de presencia de Cristo..." (art. 6.1). Las hermanas de la Institución intentan volcarse aún más para que, en medio de este confinamiento, nuestras casas sigan cumpliendo ese objetivo tal como deseaba la Madre Rosario. 

 

Las hermanas de la Institución fomentan el espíritu de familia aún más, en medio de esta pandemia.

 

 

 

 

En estos días tan especiales que todos estamos viviendo, debido a la pandemia del covid-19, en que nos sentimos tan vulnerables, inquietos ante lo que nos pueda suceder, confinados a nuestros domicilios, obligados a cambiar nuestras hábitos, salidas, etc. ¡NO TODO ES NEGATIVO!

  Estas circunstancias nos ofrecen la oportunidad de estar más tiempo con nuestros familiares, de intensificar las relaciones, de disfrutar más los unos de los otros, de recuperar algunos valores que quizás hemos tenido un poco descuidados. También en nuestras Casas, ahora que no podemos recibir las visitas de voluntarios ni amigos, tenemos la ocasión de fortalecer nuestros lazos afectivos, disfrutar de momentos de ocio. Intensificar la oración… Todo aquello que nos facilita el vivir el carisma de la Institución y se concreta en nuestras Constituciones.