El P. Arístegui,sj., pone en contacto a Rosario Villalonga y Teresa Jáuregui, de Bilbao, con María Martínez, de Albacete, ya que todas poseen las mismas inquietudes y deseos.Se reúnen como nueva comunidad en el piso buhardilla que la familia de Teresa Jáuregui posee en la Plaza de Federico Móyua de Bilbao, para ir dando forma al nuevo proyecto de entregar sus vidas a los más pobres y abandonados: hacer sensible entre los hombres la presencia del Dios Amor.

En la Fiesta de S. Ignacio de Loyola, 31 de julio de 1947, en presencia del Sr. Obispo y del Padre Arístegui, queda constituida la Institución Benéfica del Sagrado Corazón de Jesús.

las tres fundadorasRosario Vilallonga y Teresa Jáuregui, movidas por sus inquietudes y deseos de servir al Señor, visitan el Cottolengo de Barcelona, y aunque les agrada mucho, creen que lo que Dios les pide es otra cosa. Se preparan como enfermeras y por circunstancias providenciales, el P. Arístegui sj. las pone en contacto con María Martínez, de Albacete (futura maestra de novicias de la Institución), que posee las mismas inquietudes y deseos.

En 1946, bajo la dirección del P. Arístegui, realizan juntas Ejercicios Espirituales de mes, en Bilbao, para discernir la voluntad de Dios sobre ellas y, al término de los mismos, se reúnen con el Padre a quien comunican que el deseo de todas es formar una Asociación Piadosa basada en la confianza sin límites en la Divina Providencia y para la acogida de los más necesitados.

Empiezan a reunirse como nueva comunidad en el piso buhardilla de la familia de Teresa Jáuregui en Moyúa para, mediante el estudio y la oración, ir dando forma al nuevo proyecto. En la Fiesta de S. Ignacio de Loyola, celebran la Eucaristía en intimidad en presencia del P. Arístegui y del Señor Obispo, dando por constituida la Institución Benéfica del Sagrado Corazón de Jesús.

La obra no cuenta con apoyo económico alguno, ni renta, ni subvenciones, ni a nadie pueden pedir, pero al ático de Moyúa van llegando donativos y ayudas. Fue mucha la gente, que admirada de tan sorprendente actitud de fe, empezó a acudir para colaborar. Al poco tiempo llega la primera novicia, a la que pronto siguen varias, y los primeros acogidos verdaderamente abandonados.